LA ANEXIÓN DE CUBA: UN VIEJO SUEÑO NORTEAMERICANO.


La intención norteamericana de apoderarse de Cuba tiene larga data. El primero en señalar esa posibilidad fue Benjamín Franklin, quien propuso colonizar el valle del Mississippi para usarlo como plataforma en la anexión de Cuba.
Esa ideología de rapiña encontró otros promotores, como lo demuestra la carta enviada a Livingston por John Adams, quien decía sin tapujos “Las islas del Caribe, apéndices naturales del continente americano, son casi imposible de resistir a la convicción de que la anexión de Cuba a una República Federal será indispensable para la continuación de la Unión”.
El colmo de la obstinación se reflejó en mil 812, cuando en un mapa de los Estados Unidos, se incluyó a Cuba como parte de su territorio, hecho que cerca de doscientos años después sigue en la cabeza de la ultraderecha que hoy mal gobierna en ese país.

DE LA FRUTA MADURA AL GRAN GARRROTE.

Empeñados en sumar a Cuba a la bandera de las barras y las estrellas, los norteamericanos han implementado múltiples estrategias. En mil 823 John Quincy Adams, elaboró la política de la Fruta Madura, donde establecía un paralelo entre la ley de gravitación y el futuro de Cuba como colonia, afirmando que por esa ley física, Cuba debía caer en sus manos cuando las condiciones fueran creadas.
Cansados de esperar por la añorada maduración, aquella maniobra fue suplida por la Doctrina Monroe, famosa por su plataforma ideológica de “América para los americanos” y que ponía sus ojos en Cuba.
De una en otra las políticas norteamericanas hacia la Isla han avanzado en el tiempo, incluida la del Gran Garrote, basada en la fuerza militar y que trajo en épocas pasadas en dos ocasiones la bota invasora yanqui sobre el suelo cubano.

DEL SUEÑO A LA REALIDAD.

Acariciado por años por los gobernantes norteamericanos, el sueño de apoderarse de Cuba se torno en quimera en mil 959 con el triunfo de la Revolución, hecho que provocó un giro en la historia de la Isla. Incapacitados de entender lo sucedido a solo noventa millas de sus costas, las diferentes administraciones yanquis han promocionado estrategias y acciones de todo tipo para reconquistar a Cuba.
De Girón acá son varios los planes aupados en la nación del norte para destruir a la Revolución. La ley Torricelli, la Helms-Burton y el Plan Bush son los últimos sainetes en la historia anexionista de los Estados Unidos hacia Cuba, los cuales como sus antecesores están condenados al fracaso ante la dignidad y el espíritu de combate de los cubanos, reflejada en aquella histórica expresión escuchada en Alegría de Pío: Aquí no se rinde nadie. Comentó: Noel Martínez.

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